Por la dignidad de docente

Hace unos días he empezado el curso escolar. En uno y otro sitio salen los políticos inaugurando este inicio de curso, en alguno de ellos, como en Madrid o Pamplona, con serias manifestaciones de protestas de alumnado y profesorado ante tanto recorte, subida de tasas académicas, encarecimiento del material escolar, transporte escolar, etc.

Estas protestas han surgido del descontento de estudiantes y docentes, docentes a los que se les ha tratado como vagos, que no hacen su trabajo, que solo tienen privilegios, que tienen demasiadas vacaciones… y un sinfín de proclamas que los políticos han ido lanzando para poner un culpable.

Me han enviado el escrito que aparece abajo, y como me parece sencillo, concreto, claro y real me he decidido a compartirlo con todos vosotros.


POR LA DIGNIDAD DEL DOCENTE, QUE ES LO QUE NO NOS PUEDEN QUITAR, DERECHOS, QUE NO PRIVILEGIOS
Texto original: Ana, profesora de instituto.

Según  el Diccionario de uso del español de María Moliner, privilegio es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está  prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o  por concesión de un superior. Por el contrario derecho es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy  funcionaria, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo no tengo privilegios.  El sueldo que cobro es un derecho que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro.

Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media  para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es  agotador.

Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes.

Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo “enchufismos” de ninguna clase.

Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chófer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos  los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro a  la Administración.

No, yo no tengo privilegios. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones  más que el resto de mortales, porque los alumnos están de vacaciones. Pero mi trabajo no sólo se desarrolla en las horas que imparto mi materia, cada hora de clase hay que prepararla para el grupo en cuestión, sobre unas programaciones que elaboramos previamente, y nada de eso se hace en el aula; después queda la revisión y el análisis y la tarea de corregir el trabajo de cada alumno; durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado.

Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de julio, en que, por cierto, los más de nosotros los dedicamos a formación y preparación de materiales para el nuevo curso.

Cuando llevo a  mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a  mis hijos y a mi familia. No, yo no tengo privilegios. Y sin embargo me  siento privilegiada. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social.

Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos.

Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de  extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave que la Administración se empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente.

Con  todo, no crean que quiero ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como el siervo inútil del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios.

Los recortes en Sanidad y Educación, son recortes en derechos y no en privilegios. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma del poder para camuflar al verdadero culpable.

Con todo lo que está  cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto.

A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen privilegios, que lo paguen ellos.

(La compañera escribió la carta que publicamos y nos ha pedido que la difundamos. Más que nunca tenemos que mostrar a la sociedad que hacemos un trabajo digno y bien difícil. Podéis reenviarla a todos vuestros contactos, sean o no profesores.)

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Acerca de kokotaraino2

Kokotaraino gaude

3 pensamientos en “Por la dignidad de docente

  1. BARKATU BAINA EZ DUT USTE ZUK EROSTEN DITUZUNIK ZUZENTZEKO BOLI GORRIAK………ETA ADOZ NAGO MURRIZKETAK ERAGIN TXARRA EDUKIKO DITUZTELA HEZKUNTZAN….

  2. patxicalvo dice:

    Me ha encantado el artículo, muy de ahora y muy de antes, lo malo es que como nos hagan adaptarnos a lo que los cavernícolas de la derechona pretenden, vamos de culo, pero tragaremos, porque “somos demócratas y defensores de este Estado de Derecho”.

    50.000 maestros al paro, y seguimos protestando en papel, desgastando voz y zapatos en las ciudades, y ¿para qué?.

    Sinceramente, hay que echar a volar la imaginación y pensar en algo efectivo, porque lo que hacemos, informa -pero sólo en Euskadi- y en el resto del Estado poco o nada y mal.

    Y para el compañero anterior, si, los hay que están peor, pero también es verdad que mal de muchos consuelo de tontos, pero en este caso epidemia.

    Un abrazo

    Patxi

  3. Txaro Franco dice:

    En general suscribo las palabras de Ana. Creo que representan el sentir de una gran parte del profesorado. Sin embargo, quiero aportar otro elemento a la reflexión. Ante la situación que se describe hay, al menos dos posturas posibles: optar por “bajar el pistón”, “trabajar menos (si esto es posible) ya que nos van a pagar menos”, “dejar de implicarnos en la formación permanente”, “llevar menos trabajo a casa (porque lo seguimos llevando)”…. o continuar ejerciendo nuestro trabajo con responsabilidad. En el primer caso, ganan los politiquillos que quieren acabar con la escuela para todos y todas, la escuela pública, gratuita, inclusiva, de calidad. En el segundo, ganarán nuestros alumnos y alumnas.
    En mi opinión, el malestar docente forma parte de una estrategia para que el colectivo de profesores y profesoras pensemos en nosotros, en nuestros derechos, en el deterioro las condiciones laborales (que afectan, indudablemente al alumnado)… en lugar de pensar en los profundos cambios legislativos que se avecinan, cambios con un sesgo ideológico evidente.
    Que “los árboles” de los recortes no nos impidan ver “el bosque” del profundo cambio ideológico que nos quieren colar en materia educativa.

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