Cuando no defendemos nuestros derechos…

Pronto empieza un nuevo curso escolar. No sabemos si las familias podrán disponer del dinero suficiente para comprar el material escolar, tampoco si podremos hacer frente al transporte (escolar o propio) por la gran subida del combustible. Supongo que el enorme incremento del IVA va a mantener en un nivel de precariedad a muchas familias. Más dudas: ¿podremos ir al médico las veces que necisitemos? o ¿podremos comparar las medicinas que nos prescriban? o ¿podremos disfrutar de las actividades culturales?.

Como pronto emprezará un nuevo curso escolar, os quiero comentar una historia que me contaron:

Una mañana, en el inicio de un nuevo curso, cuando nuestro nuevo profesor de “Introducción al Derecho” entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:

– ¿Cómo te llamas?

– Me llamo Juan, señor.

Entonces el profesor le gritó de forma desagradable:

– ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más!.

Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.

– Está bien -dijo el profesor-. ¡Empecemos! ¿Para qué sirven las leyes?…

Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta: “Para que haya un orden en nuestra sociedad” “¡No!” contestaba el profesor. “Para cumplirlas” “¡No!”. “Para que la gente mala pague por sus actos” “¡¡No!!. ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!”… “Para que haya justicia”, dijo tímidamente una chica. “¡Por fin! -dijo el profesor-. Eso es… para que haya justicia. Y ahora ¿para qué sirve la justicia?”

Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo: “Para salvaguardar los derechos humanos” “Bien, ¿qué más?”, decía el profesor. “Para discriminar lo que está bien de lo que está mal”… Seguir… “Para premiar a quien hace el bien.”

– Ok, no está mal pero… respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?…. Todos nos quedamos callados, nadie respondía. — Quiero una respuesta decidida y unánime.

– ¡¡No!!- dijimos todos a la vez.

– ¿Podría decirse que cometí una injusticia?

– ¡Sí!

– ¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!. Vete a buscar a Juan —dijo mirándome fijamente.

Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.

Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad, y la dignidad no se negocia.

Acerca de kokotaraino2

Kokotaraino gaude

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