¡Gobierno dimisión! ¡Dejad de tangarnos!

No podemos seguir sufriendo y consintiendo:

  • Injusticia y desigualdad social
  • Capitalismo salvaje
  • Las políticas neoliberales
  • Políticas xenófobas
  • Estafa de la banca
  • Las malas prácticas políticas
  • Expolio a los más humildes
  • Constitución ilegítima
  • Vivir en una pseudodemocracia
  • Pérdida de derechos y libertades de la ciudadanía
  • Justicia inoperante, corrupta y de doble rasero
  • La corrupción en la Casa Real y la clase política que la sustenta
  • Destrucción del medio ambiente
  • Recortes en educación y sanidad
  • Nula inversión en cultura e I+D+i
  • Imposibilidad para gran parte de la población de acceder a una vivienda digna y adecuada.
  • El carácter confesional del Estado y la financiación pública de la Iglesia.
  • Desigualdad de género y políticas patriarcales
  • Tasa de desempleo inaceptable
  • Privatizaciones de bienes públicos
  • Explotación de recursos naturales como el agua y la energía por entidades privadas
  • La fuga de capitales a paraísos fiscales, malversación de fondos públicos y especulación económica.

Y en definitiva, la permanente violación de los DDHH, que se hace cada día más evidente al aumentar los índices de pobreza, exclusión y angustia social.

Los manifestantes levantan las manos gritando,

Estas son nuestras armas

Dimisión

Sí se puede

UGT, complicidad

Los delincuentes están al otro lado

Aquí, aquí nadie se droga

¡Gobierno dimisión! ¡Dejad de tangarnos!

El pueblo unido jamás será vencido

Al otro lado de las vallas y del cordón policial, los diputados continúan con la sesión plenaria, una vez más ajenos a lo que ocurre en la calle. ¿A los legítimos representantes de la soberanía nacional no les importa lo que les dice el pueblo en esta y otras protestas?.

Cuando el gobierno se protege del pueblo de esta manera, algo no va bien.

Mañana, otra más

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Ahora le toca el turno a Catalunya

Parece que surgen los temas para que no podamos tratar el tema más importante. No decimos que el de Catalunya no lo sea, ni mucho menos, pero se está gestando un nuevo rescate a España con condiciones muchísimo más duras y pocos hablan de ello.

Nos parece un gesto totalmente lícito que Catalunya quiera buscarse un sitio en Europa que les sea más cómodo económicamente y más reconocido socialmente (al final, todos los hijos nos hemos ido de casa de los padres). Pero cuando estamos a las puertas de un nuevo rescate, aunque nuevamente el gobierno nos mienta y nos diga que no habrá otro rescate, parece que todas las miradas se centran en Catalunya y no en las terribles condiciones que tendrá el nuevo rescate.

Ya llevamos un tiempo con recortes sociales, con reducciones en los salarios, con despidos baratos o gratuitos (por cierto, decían que serviría para crear empleo), con cierres de empresas y de comercios, con cuotas de copago, con subidas repetidas del IVA, etc, etc. Llevamos tiempo con unas condiciones lamentables y sin embargo nada ha mejorado. ¿Cuanto tiempo más tendremos que estar así?, ¿cuándo se acabará?, ¿cuándo se darán cuenta de que el problema no es la ciudadanía sino las insaciables ganas de riqueza de algunos pocos?.

Volviendo a lo de Catalunya, estos días aparecía un titular en los periódicos que decía que “la independencia de Catalunya la tendrá que votar todos los españoles“. En ese alarde de derroche de democracia del gobierno, yo me pregunto, ¿porque no hacemos lo mismo con la deuda?, ¿porque no preguntamos a todos los españoles si queremos pagar la deuda?.

Sin duda, mejor sin deuda.

In extrema necessitate…

Durante este verano han seguido pasando cosas. Una, posiblemente la más fuerte y lamentable, ha sido la muerte de 34 obreros en Sudáfrica a manos de la policía. Las terribles imágenes de los policías disparando con fuego real y los obreros cayendo, fueron impresionantes. El esperpento no quedó ahí, al de unos días, haciendo uso de una ley del régimen del apartheid, todavía vigente, declaran que los acusados por estas muertes son los propios trabajadores. Alucinante.

Otro de los sucesos, este más amable (desde nuestro punto de vista), fue el asalto al supermercado de Écija por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) liderados por Juan Manuel Sánchez Gordillo, diputado andaluz y alcalde de Marinaleda.

Seguro que ya habéis leído y hablado bastante sobre este tema y seguro que tenéis información de sobra. No obstante, queremos compartir con vosotros la opinión del sacerdote y teólogo José Ignacio González Faus.

In extrema necessitate omnia sunt communia


O lo que es lo mismo “en casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes”. Pues bien este sacerdote y teólogo le dirigió una carta abierta al Ministro del Interior. Ahí va.

Mi querido señor ministro:

Acabo de oír por radio sus declaraciones a propósito de los sucesos en el supermercado de Écija. Reconoce Ud. que hay mucha gente que lo está pasando mal, pero arguye con el clásico axioma moral: el fin no justifica los medios.

Como el ideario de su partido apela a “los principios del humanismo cristiano”, me permito recordarle que según esos principios no hubo en aquella acción ningún uso de medios moralmente ilegítimos (en su legalidad no entro ahora).

Los principios del humanismo cristiano proclaman que “en casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes” (in extrema necessitate omnia sunt communia). Porque “la distribución y apropiación de las cosas que procede del derecho humano no puede impedir que estas cosas remedien las necesidades de los hombres. Por eso todo lo que uno tiene de más lo debe a los pobres para su sustento. Y si la necesidad de alguien es tan grave y tan urgente que hay que remediarla con lo primero que se tenga a mano…, entonces cualquiera puede remediar su necesidad con los bienes de los demás, tanto si los quita de modo público como secreto; y esta acción no reviste carácter de robo ni de hurto”.

Estas palabras no son del alcalde de Marinaleda ni del innombrable Carlos Marx. Son de Santo Tomás de Aquino, uno de los pilares de ese humanismo cristiano al que Uds. dicen seguir. Y puede verlas en la Summa Theologica (2ª 2ªe, cuestión 76).

A ellas añadirá el cardenal Cayetano, gran comentador de Tomás, que un juez puede distribuir entre los necesitados el dinero sobrante de los ricos. Me pregunto, pues, si no están Uds. en el atolladero de aplicar la ley contra unos principios que dicen regular el ideario de su partido, quedando como embusteros ante la ciudadanía.

Entiendo además que si Ud. esgrime ese principio de que el fin no justifica los medios, se volverá inmediatamente contra toda la política de este gobierno: para un fin de suyo legítimo y necesario como es rebajar nuestra deuda, ha recurrido el gobierno a medios inmorales (temo que quizás también anticonstitucionales) como son privar a mucha gente de derechos constitucionales, de los ingresos mínimos indispensables, abocarlos al hambre, a la desesperación, a la falta de asistencia médica indispensable, a tener que recurrir a unas Caritas ya desbordadas y a quedarse sin vivienda después de un enorme esfuerzo y encima con una deuda impagable para la que ni siquiera vale el principio lógico de la dación por pago.

La mayoría de los medios que han aplicado Uds. para saldar la deuda española son inmorales y no se justifican por ese fin tan legítimo.

Hace poco habló el presidente del Gobierno de posibles nuevos recortes en esa misma dirección, para reunir 65.000 millones de euros imprescindibles. Su gobierno debe saber que, en España, hay 16 personas que poseen ellas solitas unas fortunas cercanas a los 60.000 millones. Sólo 16 personas entre más de cuarenta millones de españoles. No creo pues que, a la luz del humanismo cristiano, pueda caber duda de cuáles hubieran sido los medios legítimos.

Porque, por otro lado, se repite ahora que todo el dinero que nos va a prestar draconianamente la UE es “para tapar los agujeros de los Bancos”. Ya habíamos oído mil veces que el problema de nuestra deuda era sobre todo de carácter privado y no público; y ahora lo vemos confirmado al saber dónde van a ir esos primeros 30.000 millones que esperamos recibir el mes que viene. Los Bancos y sus agujeros han sido efectivamente los primeros causantes de nuestro desastre actual (sin negar ahora otros factores exteriores a España).

Y lo fueron porque, para un fin de legitimidad muy discutible (como era el enriquecerse más y más) pusieron en juego medios absolutamente ilegítimos, otorgando préstamos que sabían que no podían ser devueltos pero de los que esperaban resarcirse con expropiaciones forzosas mucho más pingües de lo que se expropió en el supermercado de Écija.

¿Sabe Ud. cuántas viviendas inútiles son hoy propiedad de los Bancos?. Un ministro del interior debe conocer ese detalle. Como sabrá también que a bastantes gentes ancianas y no muy letradas que tenían en Bankia unos ahorros de seis mil o diez mil euros que constituían toda su fortuna, se las engañó haciéndoles firmar un papel que “iba a ser su solución”, y se les convirtieron los depósitos en acciones, robusteciendo al Banco y debilitándolas a ellas al impedirles disponer de su dinero ahora que lo necesitan.

Si Ud. está decidido a no permitir que para fines en sí legítimos se usen medios ilegítimos, no dudo de que, antes que al alcalde de Marinaleda y su grupo, llevará Ud. a los tribunales a una serie de banqueros de cuyo nombre prefiero no acordarme para esperar a que los investigue la justicia.

O mejor: déjeme decirle que dudo mucho de que Ud. se atreva a hacer eso que sería tan justo: porque son esos Bancos quienes financian buena parte de sus campañas electorales que, tal como están, son otro medio ilegítimo que no queda justificado por el fin de ganar unas elecciones. Y, por supuesto, esto último no vale sólo para su partido sino también para otros del Estado.

Puedo equivocarme como todo ser humano. Pero siempre he tenido la impresión de que, en su partido, suelen argumentar apelando a grandes principios universales indiscutibles, pero que no se aplican al caso concreto que se discute. Y que además suelen exigir a los demás lo que no se exigen a Uds. mismos. Debo confesar que las declaraciones suyas que acabo de oír por radio, me confirman una vez más en esa impresión.

Gracias por haberme leído. Quedo de Ud. atentísimo

José Ignacio González Faus

Con el IVA para arriba y con el IVA para abajo

Parece que en España hay una nueva casta de políticos: los que prometen cosas y no cumplen.

Y, al parecer, no quedan ahí. Después de inclumplir los acuerdos se empeñan en esconder o eliminar las pruebas que lo evidencian.

La imagen que os ponemos aquí deja claro la postura de Rajoy. Eran otros tiempos. El “No más IVA, no más IVA“, se ha quedado en una imagen que ahora incordia a Rajoy y su gobierno.

Esta imagen no les hace demasiada gracia, y al parecer, el gobierno tiene un nuevo empeño: eliminar esta foto de internet.

No les preocupa que la enorme subida deje una situación lamentable en más familias, en pequeñas empresas, en actividades culturales, etc. Ya sabemos que necesitan dinero contante y sonante, y también sabemos que esta subida del IVA es tan solo un recurso para hacerse con dinero rápido y fácil. Nada justifica esta subida excepto la nefasta gestión de una crisis económica generada por unos bancos insacibles.

Todo ello sin contar lo terriblemente injusto que es este tipo de impuesto. El gobierno dice que es un impuesto “que afecta a todos“, como si el caracter universal lo hiciera justo. Es verdad que nos afecta a todos, pero no a todos por igual. Para alguién que cobra 400€ al mes (como por ejemplo los parados de larga duración que finalmente han conseguido contar con esta pequeña ayuda) una subida del IVA en 40€ significa un 10% de su salario. Mientras que el que cobra 4.000€ (que los hay, incluso quien cobra más), para estos, los 40€ anteriores, tan solo son un 1%, por lo que apenas se enteran de la subida.

El gobierno necesita dinero, sí, pero no se dan cuenta, que el exceso del IVA va aumentar los  precios y esto va a retraer el consumo. Más gente consumirá menos, creando un problema mayor. Han cuantificado lo que sacarían con el aumento del IVA, pero no han tenido en cuenta que, con menos dinero, la gente gastará menos, con lo cual, menos dinero a recaudar.

Tampoco han previsto que, con esta situación, muchos profesionales realizarán sus servicios generando facturas sin IVA, potenciando la economía sumergida, y nuevamente, menos dinero. Así que el dinero que habían pensado sacar, no será más que una mera ilusión. Nuevamente echarán la culpa a cualquiera.

Ahora, nos dicen que NO explicarán los duros acuerdos para el rescate (que seguro que nos tocará padecer a todos) hasta que no se celebren las elecciones gallegas y vascas. Otra vez se hace una utilización partidista de la información. ¿Hasta cuando?

Por la dignidad de docente

Hace unos días he empezado el curso escolar. En uno y otro sitio salen los políticos inaugurando este inicio de curso, en alguno de ellos, como en Madrid o Pamplona, con serias manifestaciones de protestas de alumnado y profesorado ante tanto recorte, subida de tasas académicas, encarecimiento del material escolar, transporte escolar, etc.

Estas protestas han surgido del descontento de estudiantes y docentes, docentes a los que se les ha tratado como vagos, que no hacen su trabajo, que solo tienen privilegios, que tienen demasiadas vacaciones… y un sinfín de proclamas que los políticos han ido lanzando para poner un culpable.

Me han enviado el escrito que aparece abajo, y como me parece sencillo, concreto, claro y real me he decidido a compartirlo con todos vosotros.


POR LA DIGNIDAD DEL DOCENTE, QUE ES LO QUE NO NOS PUEDEN QUITAR, DERECHOS, QUE NO PRIVILEGIOS
Texto original: Ana, profesora de instituto.

Según  el Diccionario de uso del español de María Moliner, privilegio es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está  prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o  por concesión de un superior. Por el contrario derecho es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy  funcionaria, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo no tengo privilegios.  El sueldo que cobro es un derecho que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro.

Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media  para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es  agotador.

Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes.

Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo “enchufismos” de ninguna clase.

Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chófer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos  los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro a  la Administración.

No, yo no tengo privilegios. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones  más que el resto de mortales, porque los alumnos están de vacaciones. Pero mi trabajo no sólo se desarrolla en las horas que imparto mi materia, cada hora de clase hay que prepararla para el grupo en cuestión, sobre unas programaciones que elaboramos previamente, y nada de eso se hace en el aula; después queda la revisión y el análisis y la tarea de corregir el trabajo de cada alumno; durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado.

Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de julio, en que, por cierto, los más de nosotros los dedicamos a formación y preparación de materiales para el nuevo curso.

Cuando llevo a  mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a  mis hijos y a mi familia. No, yo no tengo privilegios. Y sin embargo me  siento privilegiada. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social.

Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos.

Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de  extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave que la Administración se empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente.

Con  todo, no crean que quiero ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como el siervo inútil del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios.

Los recortes en Sanidad y Educación, son recortes en derechos y no en privilegios. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma del poder para camuflar al verdadero culpable.

Con todo lo que está  cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto.

A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen privilegios, que lo paguen ellos.

(La compañera escribió la carta que publicamos y nos ha pedido que la difundamos. Más que nunca tenemos que mostrar a la sociedad que hacemos un trabajo digno y bien difícil. Podéis reenviarla a todos vuestros contactos, sean o no profesores.)

Cuando no defendemos nuestros derechos…

Pronto empieza un nuevo curso escolar. No sabemos si las familias podrán disponer del dinero suficiente para comprar el material escolar, tampoco si podremos hacer frente al transporte (escolar o propio) por la gran subida del combustible. Supongo que el enorme incremento del IVA va a mantener en un nivel de precariedad a muchas familias. Más dudas: ¿podremos ir al médico las veces que necisitemos? o ¿podremos comparar las medicinas que nos prescriban? o ¿podremos disfrutar de las actividades culturales?.

Como pronto emprezará un nuevo curso escolar, os quiero comentar una historia que me contaron:

Una mañana, en el inicio de un nuevo curso, cuando nuestro nuevo profesor de “Introducción al Derecho” entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:

– ¿Cómo te llamas?

– Me llamo Juan, señor.

Entonces el profesor le gritó de forma desagradable:

– ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más!.

Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.

– Está bien -dijo el profesor-. ¡Empecemos! ¿Para qué sirven las leyes?…

Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta: “Para que haya un orden en nuestra sociedad” “¡No!” contestaba el profesor. “Para cumplirlas” “¡No!”. “Para que la gente mala pague por sus actos” “¡¡No!!. ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!”… “Para que haya justicia”, dijo tímidamente una chica. “¡Por fin! -dijo el profesor-. Eso es… para que haya justicia. Y ahora ¿para qué sirve la justicia?”

Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo: “Para salvaguardar los derechos humanos” “Bien, ¿qué más?”, decía el profesor. “Para discriminar lo que está bien de lo que está mal”… Seguir… “Para premiar a quien hace el bien.”

– Ok, no está mal pero… respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?…. Todos nos quedamos callados, nadie respondía. — Quiero una respuesta decidida y unánime.

– ¡¡No!!- dijimos todos a la vez.

– ¿Podría decirse que cometí una injusticia?

– ¡Sí!

– ¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!. Vete a buscar a Juan —dijo mirándome fijamente.

Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.

Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad, y la dignidad no se negocia.